lunes, 27 de agosto de 2012



ECLIPSE
Por Benjamín H. Yáñez Campero

 
MADRES SOLTERAS
¡Pecado-calentura-bendición ó…! 

Desde los inicios de la vida, han existido las Madres Solteras, por razones diferentes; ya sea por abandono, por decisión personal, por equivocación o calentura, desconocimiento y hasta por violación, la verdad es que su existencia es tan antigua como la misma humanidad. Conceptualmente son mujeres que sin estar casadas “llevan a cabo la crianza de los hijos y el manejo del hogar sin compañía de una pareja”, por circunstancias del destino o por determinación propia. 

Ahora bien, este fenómeno sociológico se evidencia a plenitud a partir de la mal llamada, desde mi punto de vista, Liberación Femenil; con ella las mujeres buscaron y encontraron espacios en el mundo laboral, político, deportivo y cultural, por decir algunos, que estaban equivocadamente reservados de manera exclusiva a los hombres, gracias a esa circunstancia las mujeres concluyeron que no tenían porque depender de un varón y su antiquísimo rol de proveedor, ahora ellas también podían satisfacer las necesidades de sus hijos y las propias sin el yugo o el compromiso de una pareja.  

Pero como en todos los aspectos de la vida, existen un sinfín de posibilidades para escudriñar un tema y desde luego este no es la excepción; Así pues, bajo la mira inquisidora de la religión, una madre soltera es un “ser en pecado, que dio rienda suelta a sus deseos carnales y que no opto por el sacramento del matrimonio”. 

Para las vecinas metiches del ocho o para la parentela puritana que todo critica: “esa niña salió con su domingo siete por calenturienta”, si ya lo decía yo “tanto libertinaje no deja nada bueno” o bien para la clásica comadre que de todo lo sabe y opina: “hay miguita ya te lo decía, que ese muchachito no tenía buenas intenciones” o en su defecto para los pendejos de los cuates del irresponsable padre en fuga: “se lo advertimos, que era una zorra que lo quería atrapar”  y no pueden faltar  el delicado grupo de amigas intimas que a sus espaldas clavan alfileres a su reputación como a muñeco de vudú: “se los dije que era una fácil”, “yo le dije que se esperara”, “mmmm le traía ganas”. 

Existe también la visión de esos que no entienden, ¿por qué? con tanta información alguien resulta embarazada; ¿por qué? con tantos métodos anticonceptivos al alcance, una mujer se embaraza; ¿por qué? aun con la pastilla del día siguiente, se embarazó. Claro, aderezada con frases celebres de la cultura popular mexicana: “está bien…le ganó el amor, pero que se tome la pastillita”, “ya saben muchachos, sin gorrito no hay fiesta” o “si ya anda en esas lides que se cuide”. El caso es que existe un sentimiento o sensación de incredulidad, que se deriva de la gran disponibilidad de información que está al alcance de los jóvenes, del papel que brinda el Internet y el sin fin de campañas institucionales y de organizaciones no gubernamentales que han puesto a la mano de quien quiera toda la información y los propios métodos de anticoncepción y protección de enfermedades de transmisión sexual. 

Siempre hay la visión de los padres, de esos que ya dieron vida y que esperan, desean lo mejor del mundo para su queridísima hija, para su princesa, la muñeca de la casa, la adoración del Padre y el orgullo de la Madre, nace aquí la marejada de sentimientos encontrados y de reacciones que rasan los ojos o que indignan. Reacciones todas entendidas, nacidas lo mismo de la frustración o de la sensación de fracaso, así como del más puro sentimiento de compasión y empatía, frases que hacen mella; “me fallaste”, “traicionaste nuestra confianza”, “nos decepcionaste” o peor aun “olvídate de que tienes familia”. 

Por fortuna, hay otros que siempre podrán ver un mismo hecho con otros ojos, para ellos la llegada de un niño a la familia es siempre “una bendición”, visión que el editor comparte, para estos personajes siempre habrá la posibilidad de un lugar más en la mesa y en sus corazones, “donde comen dos…comen tres”, para otros, los menos expresan su alegría diciendo “qué bueno ya seremos más en la familia”. 

Lo cierto es que podemos compartir o coincidir con una o más de estas u otras tantas visiones, pero para el de la pluma existe una más rosa, pero mucho más poderosa y alejada de los existencialistas, que defienden la tesis que cada individuo es libre y totalmente responsable de sus actos, sin prejuicios morales. Una que pocos se toman el tiempo para analizar, para entender, para no juzgar, para dejar de hacer conjeturas, una que anida en las entrañas de cada fémina, que es a la vez origen y destino, que conjuga como alquimista algunos de los frascos que integran su esencia, que le dan forma y las convierten en ese ser de excepción.  

Esa poderosa combinación explosiva, que surge de mezclar la confianza ciega con el amor, esa que les hace creer en las falsas promesas de un vivales o de un cobarde; que a pesar de las claras evidencias, su magnánimo corazón les obliga a seguir hasta el final sin importar más nada, ni ellas mismas ni su futuro o reputación. Ensoñación, ilusión y esperanza que les da la pureza de alma y que es abatida por la dolorosa realidad; creen en la legitimidad de un beso apasionado, en la entereza de una caricia y en el estruendo de una promesa de amor.  

Se entregan, no al hombre ni al príncipe azul, ni al patán o al pocos huevos que las abandona o no reconoce a su hijo, mucho menos a sus instintos o a su bajas pasiones, tampoco son presa de la desinformación o de su calentura y desde luego no son pecadoras; se entregan a su condición de mujer, a su amor incondicional, a la promesa que ellas mismas se hacen, se entregan a la inquebrantable esperanza de lo puede llegar ser, en fin son presas de ellas mismas, del amor, compromiso y confianza que le llegan a brindar a un ser que no tiene el mismo alcance de miras, la misma entereza, el mismo coraje y corazón, y que al final del camino las traiciona, se traiciona, les rompe el corazón, las marca, las señala y las bendice al mismo tiempo con la maravillosa experiencia; la de ser madres, la de dar vida, la de iniciar así la más noble de las encomiendas, de acercarse a la divinidad; una Madre es eso, simplemente una Madre, sin tildes ni aforismos.
 

¡Asumo…ser Madre es una condición excepcional, que ningún hombre habremos de experimentar! 

El Morral del Ciego:
Que nos deparará el destino o mejor dicho el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) o aun mejor dicho, López Obrador, la camarilla de dirigentes del Movimiento Progresista y los miles de seguidores del tabasqueño que aun confían ciegamente en su voz mesiánica, cuando antes del próximo 5 de septiembre el TEPJF anuncie que el total de casillas anuladas en la votación del pasado 1º de julio para elegir al nuevo Presidente de México, no alcanza para anular las elecciones y así sumir al país en una de las peores crisis de ingobernabilidad, de credibilidad ante concierto internacional y de inestabilidad económica. Esperemos lo peor, pero nunca un “estallido social” como han amagado los pseudo hombres y mujeres de izquierda que encabezan ese movimiento; recordemos que esta será la única forma con la que López Obrador podrá lucrar/transitar en la vida pública hasta las elecciones del 2018, en las que renacerá sin duda alguna con otro movimiento más. ¡México país de paz!

 

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