lunes, 30 de junio de 2014

DE LA EUFORIA, ENOJO, CONSTERNACIÓN Y OTROS SENTIMIENTOS ENCONTRADOS


ECLIPSE
Por Benjamín H. Yáñez Campero

DE LA EUFORIA, ENOJO, CONSTERNACIÓN Y OTROS SENTIMIENTOS ENCONTRADOS


El día de ayer, el país entero se paralizo por la transmisión del partido de futbol entre la selección Holandesa y la Mexicana, un encuentro que por los propios antecedentes históricos de cada equipo y su desempeño en otras copas mundiales, se antojaba como para que los tulipanes hicieran ver muy mal a nuestra selección, pero tras el brillante y si dije brillante, desempeño del combinado mexicano en los tres encuentros previos, existía en el sentir colectivo un gran halo de confianza y esperanza que nos ponía en la línea no solo de anhelar el quinto partido, sino en la ruta de la posibilidad misma de conseguirlo con el desempeño propio de los jugadores y no por un milagro de Dios. Tras haber trascurrido un primer tiempo cardiaco para toda la afición mexicana, la esperanza y los anhelos se fueron convirtiendo en una tangible posibilidad y llegado el minuto 48 del encuentro, Giovani dos Santos sacudió la red de la portería holandesa, confirmaba la superior Azteca en el campo de juego y abría la puerta de la ensoñación de un país entero, el Tri hacía valer su superioridad en medio campo y nos perfilaba a una larga, deseada y hasta merecida celebración.

Pero tras haber conseguido el gol que nos ponía literalmente en los cuartos de finales y en la ruta de jugar una final mundialista, el técnico y los seleccionados mexicanos decidieron dejar de hacer lo que les había funcionado en los cotejos anteriores, atacar, ofender, presionar, encimar a sus rivales, táctica probada que había alcanzado para ponernos en ese juego, dice la máxima, que cuando algo funciona no hay que cambiarle ni los errores, pero a diferencia de ello nos echamos para a atrás, tratamos de conservar la corta diferencia y cedimos el control del juego, fueron 30 minutos de una completa embestida holandesa, Miguel Herrera sacó a Giovani y a Oribe Peralta, México dejó de tener la pelota y regalo todo el medio campo, Holanda tuvo la iniciativa y se convirtió en juego de un solo lado, hasta que Sneijder prendió de derecha un cañonazo a la portería de Ochoa para decretar el empate. México se silencio, se caía un ídolo, pero aun así la esperanza seguía viva, el Tricolor podría ganar en los tiempos extras, confiamos que el clima hiciera su parte y diezmara la capacidad física de nuestros oponentes, pero tras agregar 6 minutos de juego el árbitro portugués Pedro Proenca, Robben entró al área burlando connacionales hasta que encontró la pierna de Rafa Márquez para conseguir un penal, que en opinión del mundo entero, excepto los holandeses, no existió, el delantero aflojó el cuerpo y se tiró sendo clavado que termino con el sueño mexicano.

Habrá que anotar que durante todo el torneo el arbitraje ha dejado mucho que desear, pero en especial con México fue más que notorio, pareciera como si hubiese habido una consigna de echarnos fuera a como diera lugar. Así es el juego, gana el que más goles mete, legales o con engaños, con fallas arbitrales o con habilidades individuales y/o colectivas pero con goles.

Pero lo verdaderamente rescatable, al menos para el de la pluma, es que en los tres primeros partidos y en el primer medio tiempo del cuarto, vimos jugar a una Selección Mexicana de tú a tú con sus rivales, sin pedir ni dar cuartel, vimos a un grupo de mexicanos comprometidos, con dignidad y coraje defendiendo la camiseta, vimos un país entero entregado a su equipo, la afición mexicana, la que viajo a Brasil hizo que en tierras cariocas jugáramos como locales, en todo el territorio Nacional hubo muestras de alegría, respaldo y solidaridad con su equipo y cuerpo técnico, situación que en años no se veía, me quedo con los gritos de emoción generados, con la convivencia familiar en torno de un solo proyecto, con la certeza de que con trabajo y agallas se puede lograr lo que sea, me quedo con la satisfacción de lo vivido, sin que esto parezca conformismo, me quedo con el buen sabor de boca que este equipo nos dejo, lo demás ya será para el análisis y crítica de aquellos que se dicen expertos, o de las voces que solo se enfocan en lo malo, o de los frustrados que aseguran que “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, o de tantos  y tantos que desde la critica sin razón prefieren hacer leña de árbol caído, o de los obtusos y de miras muy cortas que solo pueden ver una “cortina de humo”, yo como se los dije decido en conciencia quedarme con ese buen sabor de boca que nos generaron.

El morral del ciego:

En atención a lo extenso del ejercicio solo me resta decir: la vida sigue y ya habrá otras oportunidades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario